Más de 20
pandemias han puesto en riesgo la supervivencia humana, se presentan las más
mortíferas han sido la peste negra, la
viruela, la peste española, VIH/Sida y Coronavirus
Se creía que en la
antigüedad los dioses enviaban pestes a los pueblos como castigo; ésta
convicción se interpretaba con la ira de los dioses, para explicar desde la mitología griega, una epidemia mortífera en
el año 430 antes de Cristo. La diosa Hera, esposa de Zeus, envió una plaga a la isla de Egina.
Desde entonces y hasta el siglo XXI, los humanos han registrado una
veintena de epidemias y pandemias que han puesto en vilo la supervivencia
humana.
La plaga de Atenas del año 430 a.C.
Fue una epidemia
devastadora que afectó a la poderosa ciudad-Estado e influyó enormemente en el
devenir de sus campañas militares y su hegemonía en la Hélade. Se especula que
pudo desembarcar en la polis griega a través de El Pireo, el puerto de la
ciudad y única fuente de comida y suministros, pero la única evidencia es que
ni los médicos ni las plegarias a los dioses lograron contener su propagación a
través del agua corriente.
“Primero sentían un
fuerte y excesivo calor en la cabeza; los ojos se les ponían colorados e
hinchados; la lengua y la garganta sanguinolentas, y el aliento hediondo y
difícil de salir, produciendo continuo estornudar; la voz se enronquecía, y
descendiendo el mal al pecho, producía gran tos, que causaba un dolor muy
agudo; y cuando la materia venía a las partes del corazón, provocaba un vómito
de cólera, que los médicos llamaban apocatarsis", escribió el historiador
y militar Tucídides, quien padeció la peste pero consiguió sobrevivir y
constatar sus síntomas. Su intención era la de dar a conocer la enfermedad que
a tantos atenienses hizo enfermar.
Según Tucídides, el
mayor alivio de los infectados era meterse en agua fría, de manera que muchos
que no tenían guardas se lanzaban dentro de los posados, forzados por el calor
y la sed. Además, Atenas estaba sumida en la Guerra del Peloponeso contra los
espartanos y mucha gente del campo se vio obligada a entrar en la ya poblada
ciudad. Se refugiaron tras las murallas y Atenas se convirtió en el hervidero
idóneo para una peste de tal magnitud.
En la guerra de
Peloponeso, Grecia fue sometida por Esparta, pues la plaga había exterminado la
mayor parte de la infantería ateniense, así como la de los marinos expertos y
diferentes generales entre ellos Pericles y sus hijos legítimos. "Tras la
muerte de Pericles y durante todo el último cuarto del siglo V a.C., los
atenienses sufrieron diversas catástrofes: la derrota frente a los espartanos,
y dos grandes pérdidas, temporal una (la democracia) y permanente la otra (la
mayor parte de su imperio)", relata Edith Hall en Los griegos antiguos
(Anagrama).
La Peste Negra La epidemia
más mortífera
En 1348, una
enfermedad terrible y desconocida se propagó por Europa, y en pocos años sembró
la muerte y la destrucción por todo el continente.
A mediados del
siglo XIV, entre 1346 y 1347, estalló la mayor epidemia de peste de la historia
de Europa, tan sólo comparable con la que asoló el continente en tiempos del
emperador Justiniano (siglos VI-VII). Desde entonces la peste negra se
convirtió en una inseparable compañera de viaje de la población europea, hasta
su último brote a principios del siglo XVIII. Sin embargo, el mal jamás se
volvió a manifestar con la virulencia de 1346-1353, cuando impregnó la
conciencia y la conducta de las gentes, lo que no es de extrañar. Por entonces
había otras enfermedades endémicas que azotaban constantemente a la población,
como la disentería, la gripe, el sarampión y la lepra, la más temida.
No obstante, la
peste tuvo una repercusión espeluznante: por un lado, era un huésped
inesperado, desconocido y fatal, del cual se ignoraba su origen como su
terapia; por otro lado, afectaba a todos, sin distinguir a pobres y ricos, pero
no se detenía ante los reyes; fue tan grande el eco causado en las fuentes
escritas que se estiman exposiciones tan desproporcionadas como apocalípticas.
En la edad media el
origen de las enfermedades contagiosas tenía diversas explicaciones; algunas de
ellas son: atribuían el mal a los miasmas, es decir, a la corrupción del aire
provocada por la emanación de materia orgánica en descomposición; otros se
figuraban que la peste podía tener un origen astrológico –ya fuese la
conjunción de determinados planetas, los eclipses o bien el paso de cometas– o
bien geológico, como producto de erupciones volcánicas y movimientos sísmicos
que liberaban gases y efluvios tóxicos.
Estos hechos o
fenómenos naturales Incriminaban a la cólera divina por los pecados de la
humanidad.
Solamente en el
siglo XIX el concepto del origen de fenómenos sobrenaturales de la peste fueron
vencidos. El temor al contagio a nivel mundial otorgó un fuerte impulso a la
investigación científica, dando lugar a los bacteriólogos Kitasato y Yersin, de
forma independiente pero casi al unísono, descubrieron que el origen de la
peste era la bacteria yersinia pestis, que afectaba a las ratas negras y a
otros roedores y se transmitía a través de los parásitos que vivían en esos
animales, en especial las pulgas (chenopsylla cheopis), las cuales inoculaban
el bacilo a los humanos con su picadura.
El contagio era
simple, pues ratas y humanos estaban presentes en graneros, molinos y casas
–lugares en donde se almacenaba o se transformaba el grano del que se alimentan
estos roedores–, circulaban por los mismos caminos y se trasladaban con los
mismos medios, como los barcos.
La bacteria rondaba
los hogares durante un período de entre 16 y 23 días antes de que se manifestaran
los primeros síntomas de la enfermedad. Transcurrían entre tres (3) y cinco (5)
días más hasta que se produjeran las primeras muertes, y tal vez una semana más
hasta que la población no adquiría conciencia plena del problema en toda su
dimensión. La enfermedad se manifestaba en las ingles, axilas o cuello, con la
inflamación de alguno de los nódulos del sistema linfático acompañada de
supuraciones y fiebres altas que provocaban en los enfermos escalofríos, rampas
y delirio; el ganglio linfático inflamado recibía el nombre de bubón o
carbunco, de donde proviene el término «peste bubónica».
Berrueta, J. (2020). La devastadora peste que asoló Atenas durante la Guerra del Peloponeso y derribó su imperio. Recuperado de: https://www.elespanol.com/cultura/historia/20200314/devastadora-peste-atenas-guerra-peloponeso-derribo-imperio/474453489_0.html
Berrueta, J. (2020). La devastadora peste que asoló Atenas durante la Guerra del Peloponeso y derribó su imperio. Recuperado de: https://www.elespanol.com/cultura/historia/20200314/devastadora-peste-atenas-guerra-peloponeso-derribo-imperio/474453489_0.html
Virgili, A. (2020).
La peste negra, la epidemia más mortífera. Recuperado de: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/peste-negra-epidemia-mas-mortifera_6280
Continuará...


Estamos experimentando una situacion donde nuestros familiares antepasados habrian pasado y escuchado, nunca pense vivir una situacion asi, pero es una realidad, y pone a prueba nuestra inteligencia y responsabilidad para manejar esta pandemia, quizas este bien manejada o quizas no por los lideres mundiales que tenemos, pero la verdad hay algunos que dejan mucho que desear y parece que no comprenden el nivel de alerta que tener en el planeta, y estoy seguro que solo les preocupa su capitalismo, y no les interesan la vida, sin embargo no puedo decir lo mismo de otros lideres que son mas inteligentes y responsables a quienes aplaudo afusivamente por su compromiso para salir adelante de esta pandemia, he leido de muchos eventos similares que ha tenido la humanidad y se que de ellos la humanidad a salido adelante y que de esta pandemia saldremos adelante, Los invito a seguir las medidas de bioseguridad que nos recomiendan los entes de seguridad.
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